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POR QUÉ LOS JÓVENES DOMINICANOS HUYEN DEL CAMPO
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Los jóvenes dominicanos huyen del campo por una combinación de factores estructurales que se han acumulado durante años: falta de oportunidades, acceso desigual a educación superior, empleo limitado y una concentración del desarrollo en las ciudades.  Esa es, a mi juicio, una de las claves para entender por qué tantos jóvenes dominicanos terminan dejando el campo. No se trata solo de una decisión personal ni de una preferencia cultural por la vida urbana. En muchos casos, se trata de una respuesta racional frente a un territorio que ofrece menos acceso a educación superior, menor diversificación económica, conectividad más limitada y trayectorias de movilidad social mucho más estrechas.

La República Dominicana ha profundizado su urbanización en las últimas décadas. El peso demográfico y económico de las ciudades ha crecido de forma sostenida, mientras las zonas rurales enfrentan rezagos en infraestructura, servicios y acceso a oportunidades. Este patrón forma parte de una tendencia regional más amplia: América Latina es una de las regiones más urbanizadas del mundo, y el desplazamiento de población joven desde áreas rurales hacia centros urbanos responde a brechas históricas en educación, empleo y calidad de vida .

El objetivo de este artículo es examinar, con base en evidencia reciente y con una mirada estructural, por qué los jóvenes dominicanos huyen del campo, cuáles son las principales fuerzas que empujan esta migración y qué papel puede desempeñar la descentralización de la educación superior —en particular la expansión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)— en la reducción de la migración por estudios. La tesis que sostiene este texto es clara: el éxodo juvenil rural en la República Dominicana no puede explicarse por una sola causa, sino por la acumulación de desigualdades territoriales; y aunque la expansión educativa ha reducido parte de la presión migratoria asociada al acceso a la universidad, todavía no ha transformado, por sí sola, las condiciones estructurales que expulsan a los jóvenes del campo.


Desarrollo

1. Del país rural al país urbano

El campo dominicano sigue siendo un espacio clave de producción, pero con limitaciones estructurales en oportunidades

La migración del campo a la ciudad en la República Dominicana debe leerse dentro de un proceso de transformación económica y territorial de largo plazo. El país ha transitado hacia una economía más apoyada en servicios, comercio, turismo, construcción y actividades urbanas, mientras el peso relativo de la agricultura en la estructura productiva y en el empleo se ha reducido.

Ese cambio no es neutro: reorganiza dónde se concentra la inversión, dónde están los mercados, dónde se instalan las instituciones y, sobre todo, dónde un joven percibe que puede construir futuro.

La educación superior refleja con claridad esa concentración, aunque también muestra avances recientes de descentralización. En 2024, la UASD registró 194,909 estudiantes, equivalentes al 37.44 % de la matrícula nacional reportada por el MESCyT, lo que confirma su papel dominante como principal puerta de acceso a la universidad pública en el país. Además, lideró en 2024 la aprobación de proyectos FONDOCYT con 21 investigaciones y fue la institución con más beneficiarios de becas nacionales, con 1,627 estudiantes. Estos datos no solo revelan capacidad académica, sino también centralidad en la producción y distribución social del conocimiento.

Sin embargo, el problema de fondo no era únicamente cuántos estudiantes ingresaban al sistema, sino desde dónde podían hacerlo sin tener que abandonar su territorio. Ahí es donde la dimensión espacial del desarrollo se vuelve decisiva.

2. ¿Por qué los jóvenes dominicanos huyen del campo? Cuatro factores estructurales

2.1. Educación superior concentrada

Uno de los factores más visibles es la migración por estudios. Durante años, para miles de jóvenes de provincias y municipios rurales o semi-rurales, la continuidad educativa dependió de trasladarse a Santo Domingo o a otras ciudades mayores. Esto convertía la decisión de estudiar en una decisión de movilidad territorial, con costos económicos, emocionales y familiares significativos.

La expansión reciente de la UASD ayuda a entender la magnitud de esta barrera. Entre 2021 y 2026 se aceleró la inauguración o elevación de centros, subcentros y extensiones en territorios como Dajabón, Monte Plata, Yamasá, Baní, Azua, Jarabacoa, Moca, Hato Mayor, Constanza, Cotuí y Neiba. En varios de esos actos oficiales, tanto la Presidencia como la universidad justificaron estas obras con un argumento explícito: evitar que los jóvenes tuvieran que trasladarse a Santo Domingo para estudiar y reducir los costos de transporte, tiempo y desarraigo.

Ese punto merece una pregunta objetiva dentro del análisis: ¿en qué ha incidido la expansión de los nuevos centros, subcentros y recintos de la UASD como fuente de desarrollo de conocimiento, y han reducido estos centros la intención de migración del campo? La evidencia disponible para los últimos diez años permite una respuesta matizada. Sí existen indicios sólidos de que la expansión territorial de la UASD ha reducido la necesidad de migrar por razones educativas, porque acerca la oferta universitaria, amplía matrícula local y disminuye barreras de acceso. Pero no aparecen, en fuentes públicas revisadas para 2016-2026, encuestas directas que permitan afirmar con total causalidad que esos centros han reducido la intención total de migración juvenil rural. En otras palabras, alivian una causa importante de salida, pero no anulan las demás.

2.2. Brechas económicas y empleo insuficiente

La segunda causa es económica. La migración no se explica solo porque el joven quiera estudiar, sino porque evalúa el retorno probable de quedarse. Si el territorio no ofrece empleos de calidad, encadenamientos productivos o posibilidades reales de emprendimiento, la educación se convierte incluso en un trampolín para salir.

POR QUÉ LOS JÓVENES DOMINICANOS HUYEN DEL CAMPOEn esa misma línea, en ArribaRD ya se ha advertido que el primer empleo en jóvenes dominicanos sigue siendo uno de los retos estructurales más importantes del mercado laboral nacional, lo que refuerza la idea de que para muchos jóvenes la salida del campo no responde únicamente a una aspiración académica, sino también a la búsqueda de una inserción laboral más viable y sostenible.

Por eso el problema del campo no es solo educativo. También es productivo. Un territorio que forma talento, pero no lo integra a dinámicas de valor, termina financiando su propia expulsión.

2.3. Brechas de infraestructura y conectividad

La tercera causa es la desigualdad material entre territorios. El campo dominicano sigue enfrentando restricciones de conectividad digital, transporte, acceso a servicios especializados y ecosistemas institucionales menos densos que los urbanos. La educación híbrida, el empleo remoto y los nuevos servicios del conocimiento dependen de infraestructura que no siempre está disponible o funciona con la misma calidad fuera de los grandes núcleos urbanos.

En ese contexto, la expansión reciente de la UASD tiene valor adicional porque algunos de los nuevos centros incorporan laboratorios, bibliotecas, aulas inteligentes, espacios de investigación y posgrado. Baní, Azua, Cotuí y Neiba son ejemplos de unidades con una lógica más completa de ecosistema académico y no solo de docencia básica. Eso fortalece la presencia del conocimiento en el territorio, pero también pone sobre la mesa una exigencia mayor: si ya existe capital humano local, el siguiente paso debe ser conectar formación, innovación y economía regional.

2.4. Cambios en aspiraciones juveniles

La cuarta causa es cultural y aspiracional. Muchos jóvenes ya no interpretan el campo como un espacio de ascenso social. La ciudad aparece asociada a modernidad, redes, profesionalización y diversificación de vida. Esa percepción no nace de la nada; se construye sobre diferencias reales en acceso a servicios y oportunidades.

JÓVENES DOMINICANOS HUYEN DEL CAMPOEl testimonio comparativo contenido en la transcripción compartida por el usuario refleja una realidad regional muy parecida: los jóvenes salen por estudio, empleo, conectividad y aspiración, mientras el campo envejece y las ciudades absorben población sin suficiente planificación .

En el caso dominicano, esta lógica se potencia porque la movilidad territorial ya no se percibe únicamente como sacrificio, sino también como inversión de futuro.

3. La UASD como fuente de desarrollo de conocimiento territorial

Desde una mirada editorial y analítica, aquí hay un punto de mucho valor para el artículo: la expansión territorial de la UASD no debe verse solo como política educativa, sino como política de desarrollo territorial basada en conocimiento.

La propia universidad reportó en 2024 que alcanzó 39 unidades académicas y abrió cinco nuevas unidades, además de fortalecer su virtualización y sus aulas inteligentes. El informe institucional y las memorias recientes muestran jornadas comunitarias, programas de acercamiento temprano y acciones de vinculación que amplían el efecto de la universidad más allá del aula.

Esto sí ha incidido en el desarrollo de conocimiento, por tres vías. Primero, acceso: más estudiantes pueden iniciar o continuar estudios sin salir del territorio. Segundo, capacidad instalada: laboratorios, bibliotecas y posgrados generan condiciones para formación más especializada. Tercero, legitimación del territorio: cuando una provincia cuenta con centro universitario, deja de ser solo periferia receptora de decisiones externas y comienza a construir capacidades propias.

Ahora bien, esa incidencia no debe idealizarse. La evidencia revisada permite afirmar que la UASD ha contribuido a reducir barreras para estudiar cerca de casa, pero no basta para asegurar arraigo territorial juvenil. Si el joven se forma en Baní, Hato Mayor o Neiba, pero luego no encuentra empleo congruente con su preparación, la migración puede postergarse, no desaparecer. Esa es la diferencia entre descentralizar matrícula y descentralizar desarrollo.

4. Implicaciones: qué pierde el campo y qué gana ó no la ciudad

El éxodo juvenil rural tiene dos efectos simultáneos. El primero es el envejecimiento del campo. La pérdida de población joven compromete relevo generacional, innovación local y sostenibilidad productiva. El segundo es la presión urbana. La ciudad recibe estudiantes, trabajadores y familias, pero no siempre bajo condiciones de integración digna.

Por eso la pregunta de política pública no debería limitarse a “cómo evitar que se vayan”, sino a “cómo construir condiciones para que quedarse sea una decisión viable”. Eso exige articular educación superior con empleo local, innovación aplicada, financiamiento productivo, conectividad y planificación territorial. La expansión universitaria es una pieza importante del rompecabezas, pero no la imagen completa.


Conclusión

Si algo deja claro este análisis es que los jóvenes dominicanos no están huyendo del campo por una sola razón. Se están moviendo porque el país ha organizado buena parte de sus oportunidades lejos de donde muchos nacen, crecen y aspiran a construir su vida. Y cuando educación, empleo, conectividad y desarrollo se concentran en un mismo punto, la migración deja de ser una excepción y se convierte en una consecuencia lógica.

Ahora bien, también hay señales importantes que no se pueden ignorar. La expansión de la UASD en los últimos años ha significado más que edificios nuevos. Ha significado presencia del conocimiento en territorios que por mucho tiempo estuvieron obligados a mirar hacia Santo Domingo para poder estudiar. Eso tiene valor real. Reduce costos, acerca la universidad y disminuye parte de la presión migratoria asociada a la educación.

Pero sería un error pensar que con eso basta. Desde mi punto de vista, el reto verdadero no es solo llevar aulas al territorio; es lograr que el conocimiento que se genera allí se convierta en desarrollo económico, en empleabilidad y en posibilidad concreta de vida digna. Porque si el joven puede estudiar cerca, pero sigue teniendo que irse para trabajar, entonces el problema solo cambia de momento.

Por eso, más que preguntarnos por qué se van, conviene preguntarnos qué estamos haciendo como país para que también puedan quedarse. Ahí, precisamente, está la diferencia entre administrar la migración y construir futuro territorial.


Referencias bibliográficas

Banco Central de la República Dominicana. (2023). Nueva Literatura Económica Dominicana 2023 (capítulo sobre migración interurbana en la República Dominicana: determinantes y consecuencias económicas, 2016-2022).

Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología. (2026). Informe general sobre estadísticas de educación superior 2024 y resumen histórico 2010-2024 (Parte 1).

Presidencia de la República Dominicana. (2021, 12 de septiembre). Presidente inaugura subcentro UASD en Dajabón.

Presidencia de la República Dominicana. (2023, 14 de septiembre). Presidente inaugura centro UASD en Monte Plata.

Senado de la República Dominicana. (2025, 19 de octubre). Inauguración de centros UASD e ITLA en Cotuí marcan un hito en la provincia.

Universidad Autónoma de Santo Domingo. (2024, 19 de marzo). Inauguran Ciudad Universitaria en Azua.

Universidad Autónoma de Santo Domingo. (2026, 18 de enero). Inauguran Centro Universitario Regional UASD en Neiba.

Sobre el Autor
Rafeel Morillo
Rafael Morillo
Catedrático de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y empresario con amplia experiencia en mejora de procesos, así como en el diseño y ejecución de proyectos con impacto social y empresarial. Fundador de proyectos como www.conectrd.com, www.wrbsrl.com y www.arribard.com, enfocadas en el desarrollo económico, la educación y la transformación digital en la República Dominicana.
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